Belén, el nacimiento que se hizo luz en la noche

La Hermanas Clarisas del Protomonasterio de Santa Clara en Asís nos comparten su reflexión de adviento que no solo recuerda esta esperanza viva que se hará Belén – encuentro con los descartados del mundo de hoy – Sino que las hermanas nos comparten su vivencia en este año particular del Covid, sus encuentros con el «Amado» en la oración, en la pascua, en la entrega, en la fraternidad.

Entre estas vivencias particulares del año recuerdan la visita del Pastor «Papa Francisco», que con dulzura de Padre no deja a sus hijas solas. Los invitamos a leer la carta.

 «El pueblo que andaba en tinieblas
 vio una gran luz» vio una gran luz «vio una gran luz» 
  (Is 9,1) (Is 9,1) (Is 9,1) 

 Adviento 2020 

Queridos hermanos y hermanas,
¡Que el Señor les dé su paz! 

En esta época de la historia severamente probada por la pandemia somos como las personas que caminaron en la oscuridad… Nos sentimos perdidos ante un minúsculo virus que sigue sembrando sufrimiento en todo el mundo y muerte, trastornando la existencia de un infinito de personas y colocando a nuestras familias y comunidades en una gran incertidumbre para el futuro.

Así vamos al encuentro de la Natividad del Señor en este Adviento marcado por el Covid, unidos queremos suplicar a Dios por una salvación que no podemos darnos; más que nunca necesitamos una Luz que dé sentido a lo que vivimos, la promesa de la vida es más fuerte que el poder de la muerte: «Hoy te ha nacido el Salvador, que es Cristo el Señor» (Lc 2, 11).

De esta manera, la prueba de la pandemia también puede transformarse en una ocasión de gracia para volver a Dios. 

En los últimos meses hemos tocado repetidas veces la custodia de Dios hacia nuestra comunidad: hasta ahora nos hemos librado del contagio, gracias a la intercesión de la Madre Santa Clara y los Pastorcitos de Fátima, cuya reliquia «custodia» nuestra enfermería, que alberga a varias hermanas ancianas y enfermas.

En medio de tanta aprensión y sufrimiento, incluso por la enfermedad y muerte de personas muy queridas, el tiempo del encierro nos ha llevado a enraizarnos más profundamente en lo que realmente importa -en nuestra vocación de clausura, la comunión con Dios y vida fraterna, que es lo más precioso que podemos dar al mundo-.

Por la gracia de Dios no nos hemos perdido la celebración eucarística ni por un día: hemos experimentado de una manera nueva cuánto la Eucaristía es el centro y la cumbre de nuestra vida. El altar en el que el Señor Jesús renueva su ofrenda redentora es verdaderamente el corazón del mundo y el lugar de la comunión más profunda: a Él todos los días traemos a todos, seres queridos y extraños, aquellos que nos confían sus intenciones de oración y sobre todo a los que sufren, los enfermos solos en los hospitales, los familiares que viven en apuros, los moribundos, los médicos y los agentes de salud, los que sirven al bien común… para que todos sean alcanzados por la gracia salvadora de Cristo que consuela y fortalece en la esperanza. 

La adoración eucarística y el rezo del Santo Rosario, en comunión con toda la Iglesia italiana, marcaron las semanas más fatigosas, culminando en el inolvidable momento de oración presidido por Papa Francisco en el silencio de la Plaza de San Pedro, la noche del 27 de marzo. La elocuencia de los signos presentados nuevamente – el Crucifijo, la Eucaristía y la Virgen María – hizo que la Palabra proclamada cayera en nuestro corazón: “¿Por qué tienes miedo? ¿Aún no tienes fe?»(Marcos 4,40). 

Unos días después, esta palabra de Jesús nos interrogó de forma inesperada: la mañana del 1 de abril, nuestra Hna. María Concetta, de 68 años, una de las hermanas enfermeras, corrió a encontrarse con su esposo, debido a una probable embolia pulmonar, no relacionada con Covid.

Su muerte casi repentina nos conmovió y apenó profundamente, pero nos dio paz saber que esperaba con deseo vigilante ese encuentro, anticipado en la Eucaristía, recibido pocas horas antes de su muerte. Sor Maria Concetta, ya profesa entre las Hermanitas de la Sagrada Familia. Nos dejó el recuerdo de una vida silenciosa, toda dedicada al Señor y al mismo tiempo atenta a las necesidades de las hermanas. Esperándola en la Casa del Padre ya estaba nuestra querida sor. María Grazia, que el 26 de enero había concluido su peregrinaje terrenal a los 89 años. Recibida en nuestra comunidad en 2016 en muy malas condiciones de salud, procedente del monasterio de Montefranco en la diócesis de Spoleto, sor. María Grazia «renació» verdaderamente y, rodeada del amor de todas las hermanas, continuó su misión de ofrecimiento e intercesión por la Iglesia, especialmente por los sacerdotes y misioneros, hasta el último día. 

El hermoso nombre de sor. María Grazia fue pronto heredado por la postulante Verónica, quien el 1 de agosto, en las primeras Vísperas de la solemnidad de Santa María de los Ángeles y la fiesta del perdón, recibió con alegría el hábito de las Hermanas pobres. Ahora el camino de formación continúa junto con sor. Chiara Lucía, que a finales de junio volvió del año canónico de noviciado cumplido entre las hermanas del monasterio de Santa Lucía en Foligno, con gran agradecimiento por el bien recibido.

La fidelidad con la que Dios acompaña nuestra vida se manifestó también en la celebración del 60 aniversario de la profesión religiosa de sor. Maria Gesuina, presidida en enero por el Obispo de Tortona, Mons. Vittorio Viola ofm, y en el 50 aniversario de la Hna. Chiara Isabella, que el 2 de julio quiso conmemorarlo en el silencio de su corazón. También alabamos al Señor por el camino vocacional de algunas jóvenes aspirantes, una de los cuales, Nunzia, pasó un período de reclusión con nosotras a fines de septiembre. Fue la primera experiencia de nuestra comunidad en este sentido, fruto de la reflexión realizada en el Capítulo sobre la etapa del aspirantado, tal como lo exige la Instrucción “Cor Orans”. Sobre el importante tema de la formación, esperábamos con interés la Asamblea Extraordinaria de nuestra Federación, que estaba programada para el mes de diciembre, pero lamentablemente ha sido cancelada debido a la actual emergencia sanitaria. 

Debido a la pandemia de mediados de marzo tuvimos que cerrar tristemente al público la Basílica de Santa Clara: por eso, grande fue la alegría de poder reabrirla el 25 de mayo, aunque el cumplimiento de la normativa sanitaria nos requirió un considerable compromiso  organizacional. También pudimos dar este paso tan esperado gracias a la valiosa ayuda de nuestros frailes, que luego dejaron Asís a finales de septiembre para seguir las nuevas obediencias post-capitulares: a ellos, a los hermanos de la renovada Fraternidad de Santa Clara como a todos los frailes de la Provincia Seráfica expresemos nuestro agradecimiento lleno de afecto. 

Después de que Asís permaneciera desierta durante meses, fue un consuelo ver en verano a tantos peregrinos abarrotar nuestros santuarios y participar en gran número en las celebraciones de la solemnidad de la Madre Santa Clara, presididas por nuestro Obispo Mons. Domenico Sorrentino, por Mons. Renato Boccardo, arzobispo de Spoleto-Norcia, y el P. Fran cesco Piloni, recién elegido Ministro provincial de los Frailes Menores de Umbría. Luego, junto con toda la Iglesia de Asís, agradecimos a Dios por el don de la beatificación del Venerable Carlo Acutis, quien junto con sus padres vino gustoso a rezar en nuestra iglesia. La figura de este niño, enamorado de la Eucaristía y de la Virgen María, volvió a proponer a los jóvenes la belleza de la santidad: una vida ordinaria, pero florecida en plenitud, porque se transformó por la fe en Cristo y por la caridad hacia los hermanos. 

Y finalmente, un regalo verdaderamente extraordinario, una verdadera sorpresa de Dios, fue para nosotras el 3 de octubre la visita privada del Papa Francisco, que quiso venir a saludarnos antes de ir al sepulcro de San Francisco a celebrar la Eucaristía y firmar la Encíclica sobre el tema de la fraternidad. Eso nos lo había advertido la Gendarmería Vaticana tan sólo media hora antes… Bajo la mirada del Crucifijo de San Damián, el encuentro con el Papa fue muy sencillo y familiar y dejó nuestros corazones llenos de paz y alegría en el Señor. El Santo Padre confía mucho en las oraciones de los contemplativos: «Vosotras que sois los esposas de Jesús, nos pidió con insistencia, rezad por la Iglesia Esposa, que la necesita con urgencia». Sobre todo, sobre nuestras queridas hermanas enfermas, en primera fila con sus cochecitos, se colocó la bendición paterna del Papa, que, como nos dijo, vio en ellas el rostro de la esperanza, fruto de largos años de vida con el Señor. 

Es esta mirada de esperanza, fundada en la fidelidad de Dios, la que queremos dejar a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, con gran gratitud por el cuidado y el cariño con que nos acompañáis. En la Noche Santa los recordaremos a todos en oración, para que en Jesús, que se hizo Niño, experimenten que Dios está siempre cerca de nosotros, especialmente en la prueba y el sufrimiento, y nada podrá separarnos jamás de su amor: este es el anuncio del ¡Nacimiento, que atraviesa la oscuridad de la noche incluso en este tiempo pandémico! 

¡Les deseamos a todos una Santa Navidad! 
Vuestras Hermanas del Protomonasterio S. Chiara 

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