EL VÍA CRUCIS EN EL ESPÍRITU DE LAUDATO SÍ

EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

Villa Pamphili, Roma

Patrocinado por la Comisión de JPIC de la USG-UISG 2 Tomado de “An Environmental Stations of the Cross” (Un via crucis ambiental, publicado en Canadá por Green Church. El texto original fue preparado por Felix Mushobozi, CPPS y Pat Dorobek, SND inspirándose en la Laudato Sí. El recorrido de Villa Pamphili fue trazado por los Promotores de JPIC, destacando en forma especial el papel de las mujeres.

INTRODUCCIÓN

Hoy nos reunimos para participar en el vía crucis, conscientes de que aunque tenemos mucho que celebrar en nuestra vida de fe, es mucho lo que tenemos que deplorar. La conmemoración de la Pasión de Cristo es una oportunidad que tenemos todos los años para recordar las numerosas veces en que hemos roto nuestra alianza con Dios, actuando con egoísmo y procurando afianzar nuestro propio poder a expensas del bienestar no solo de otras personas sino de toda la creación. Una oportunidad para reconocer que hemos descuidado nuestra responsabilidad de administradores y amantes cultivadores de la creación de Dios. El Papa Francisco nos recuerda que “si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad” (Cf. LS 115). Al conmemorar el camino de Cristo hacia la crucifixión, siguiendo las reflexiones del Papa Francisco en Laudato Si’, reconoceremos en cada estación las rupturas importantes de nuestra alianza con toda la familia de la creación de Dios. Permitiremos a los árboles, las plantas, las rocas, el suelo, el agua, los pájaros y el viento que nos enseñen algo sobre estas relaciones rotas. En cada estación pediremos ser sanados de las terribles grietas abiertas en nuestra alianza con Dios y con todo lo que Dios ha hecho. Para que podamos tener el valor y la capacidad de ser agentes de sanación y de cuidado de nuestra casa común. Hacemos este camino en compañía de la hermana nuestra madre tierra, en un parque que representa esa realidad tan especial para nosotros. En gran parte de nuestro camino evocaremos el recuerdo de tantas mujeres excepcionales que dieron un testimonio valiente de un cuidado especial por sus hermanos. (Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.) Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.—(LS 1)

PRIMERA ESTACIÓN – Jesús es condenado a muerte

Rodeado de un gran vacío, sin nadie de su parte. Solo, pero con una idea clara sobre lo que es y lo que quiere. Ahora estamos nosotros a su lado. Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices.—Mc 15, 1-2

REFLEXIONEMOS SOBRE LA OPRESIÓN Y EL ABUSO DE PODER

No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada. Esto permite responder a una acusación lanzada al pensamiento judío-cristiano: se ha dicho que, desde el relato del Génesis que invita a « dominar » la tierra (cf. Gn 1,28), se favorecería la explotación salvaje de la naturaleza presentando una imagen del ser humano como dominante y destructivo. Esta no es una correcta interpretación de la Biblia como la entiende la Iglesia. Si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas (LS 67). El drama del inmediatismo político, sostenido también por poblaciones consumistas, provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo. Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras. La miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos. Se olvida así que el tiempo es superior al espacio, que siempre somos más fecundos cuando nos preocupamos por generar procesos más que por dominar espacios de poder (LS 178).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas”. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

SEGUNDA ESTACIÓN – Jesús carga con la cruz

Observemos el puente y lo que hay debajo. Un símbolo de los seres humanos que cubren la tierra con asfalto. Este tipo de expansión humana ha contribuido a la extinción de criaturas. Carguemos también nosotros las cruces propias que se vayan presentando durante este camino. Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal. “Aquí tenéis a vuestro rey”. Ellos gritaron: “Fuera, fuera. Crucifícale”. Les dice Pilato: “¿A vuestro rey voy a crucificar?” Replicaron los sumos sacerdotes: “No tenemos otro rey más que el César”. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Y él, cargando con la cruz salió hacia el lugar llamado Calvario.—Jn 19,13, 14b, 15-17

ANTE LA EXTINCIÓN DE LAS CRIATURAS, OREMOS

Dios de toda la Creación, cambia nuestros corazones para que hagamos todos los esfuerzos posibles para proteger nuestro mundo y su rica diversidad. Danos ojos capaces de ver los destellos de tu presencia en la gran variedad de las criaturas. Sabemos que ello comporta cambios profundos en nuestros estilos de vida, modelos de producción y de consumo, y en las estructuras de poder que gobiernan actualmente las sociedades. Cambia nuestros corazones y danos la motivación y la audacia necesarias para corregir los malos comportamientos y cultivar los hábitos propios de la “ciudadanía ecológica”. Ayúdanos en nuestro proceso de transformación personal para llegar a ser cada vez más a tu imagen y semejanza. Danos la capacidad de cultivar virtudes sólidas que nos permitan asumir un compromiso ecológico desinteresado a través de pequeñas acciones diarias que determinen cambios reales en nuestro estilo de vida. Que todo lo que hagamos refleje una creatividad generosa y digna que transforme lo mejor de cada uno en un acto de amor a Ti y a tu creación (Cf. LS 5, 21).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

TERCERA ESTACIÓN – Jesús cae por primera vez

El uso de combustibles fósiles y la extinción de la biodiversidad han causado la destrucción del medio ambiente. Si tenemos cuidado, podemos pasar a fuentes energéticas alternativas. Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.—Is 53, 4-5 (Pausa)

REFLEXIONEMOS SOBRE LA EXTINCIÓN DE LA BIODIVERSIDAD

No basta pensar en las distintas especies solo como eventuales « recursos » explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extingue por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho (LS 33). Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud. (LS 53).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

CUARTA ESTACIÓN – Jesús se encuentra con su madre

Ana Frank, la adolescente que describe en un diario su vida durante la Segunda Guerra Mundial, es el símbolo de tantas personas pobres y aquejadas por el sufrimiento que están bajo el amparo y el amor de la Madre de Jesús. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será una señal de contradicción, mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres”—Lc 2,34-35. Todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta—Lamentaciones 1,12

ANTE EL CLAMOR DE LA TIERRA Y EL CLAMOR DE LOS POBRES, OREMOS

Dios de toda la Creación, acércanos a María, nuestra Madre, quien tuvo cuidado de Jesús y ahora cuida nuestro mundo vulnerado con pena y afecto maternal. Así como su corazón traspasado lloró la muerte de su Hijo Jesús, así ahora se acongoja por los sufrimientos de los pobres y crucificados, y por las criaturas de este mundo devastadas por el poder humano. Ella atesora en su corazón toda la vida de Jesús (cf. Lc 2,19, 51), y ahora comprende el significado de todas las cosas. Por eso, podemos pedirle que nos haga mirar este mundo con ojos de sabiduría. Danos oídos para escuchar el clamor de la tierra y el clamor de los pobres (cf. LS 49, 241).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

QUINTA ESTACIÓN – Simón de Cirene ayuda a Jesús con la cruz

Tenemos mucho que reflexionar sobre nuestra relación con Dios, con los demás y con toda la creación. Para ayudarnos mutuamente a encontrarnos en el camino de nuestras cruces y a descubrir la forma de adoptar juntos acciones decisivas. Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz—Mc 15, 21

REFLEXIONEMOS SOBRE NUESTRA DESCONEXIÓN DE LA RED DE LA CREACIÓN

El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. (LS 13). Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia. (LS 52).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

SEXTA ESTACIÓN – La Verónica limpia el rostro de Jesús

En este espacio abierto, ¿quién se animará a responder a Jesús? “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”—Mt 25,40 (Pausa)

OREMOS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA SENSIBILIZACIÓN Y EL SUFRIMIENTO PERSONAL

Dios de toda la Creación, nuestro objetivo no es recoger información o saciar nuestra curiosidad, sino tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar. Creados para amar, te pedimos que en medio de nuestras limitaciones broten gestos de mutua generosidad, solidaridad y cuidado. Te lo pedimos por el amor ilimitado con que Tú nos amas a nosotros (cf. LS 19, 58).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

SÉPTIMA ESTACIÓN – Jesús cae por segunda vez

No podemos esperar para hacer frente al cambio climático. No tenemos tiempo. Tenemos que actuar ya. Señor, tú eres testigo de mis ansias, no se te ocultan mis gemidos. Mi corazón se agita, las fuerzas me flaquean, y hasta me falta la luz de mis ojos. Compañeros y amigos huyen de mi llaga, mis allegados se quedan a distancia.—Sal 38, 6-8,11 (Pausa)

REFLEXIONEMOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan (LS 23). Cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta (LS 56). Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso «cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario (LS 65).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

OCTAVA ESTACIÓN – Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Natalia Ginzburg, una escritora que durante la época de Mussolini alzaba la voz en defensa de las personas. En nuestro recorrido hemos recordado a muchas mujeres que escribieron sobre el sufrimiento y la muerte de sus hijos. La violación se ha transformado en un arma de guerra. Terminada la guerra, las mujeres deben seguir adelante, sea que sus maridos vuelvan o no a sus hogares. Y le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por El. Pero Jesús, volviéndose a ellas, dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí, vienen días en que dirán: “Dichosas las estériles, y los vientres que nunca concibieron, y los senos que nunca criaron”. Entonces comenzarán a decir a los montes: “caed sobre nosotros”; y a los collados: cubridnos”.— Lc 23, 27-31

REFLEXIONEMOS SOBRE LOS CONFLICTOS Y LAS GUERRAS

La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas. Este hecho desnaturalizó también el mandato de « dominar » la tierra (cf. Gn 1,28) y de «labrarla y cuidarla» (cf. Gn 2,15). Como resultado, la relación originariamente armoniosa entre el ser humano y la naturaleza se transformó en un conflicto (cf. Gn 3,17-19). Por eso es significativo que la armonía que vivía san Francisco de Asís con todas las criaturas haya sido interpretada como una sanación de aquella ruptura (LS 66). Por otra parte, cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad. Por consiguiente, también es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos. El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura «es contrario a la dignidad humana»[69]. No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos de nuestros intereses alguna parte de la realidad: «Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo (LS 92).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

NOVENA ESTACIÓN – Jesús cae por tercera vez

Los árboles caídos, símbolo de la contaminación; la cuestión del agua y la manipulación humana. Falta un cuidado apropiado de la salud de los árboles. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.—Hb 4,15-16

REFLEXIONEMOS SOBRE LA CONTAMINACIÓN Y EL AGUA

Los Salmos con frecuencia invitan al ser humano a alabar a Dios creador: «Al que asentó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor» (Sal 136,6). Pero también invitan a las demás criaturas a alabarlo: «¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes, alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos! Alaben ellos el nombre del Señor, porque él lo ordenó y fueron creados» (Sal 148,3-5). Existimos no sólo por el poder de Dios, sino frente a él y junto a él. Por eso lo adoramos (LS 72). Si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas (LS 61). El Patriarca Bartolomé llamó la atención sobre las raíces éticas y espirituales de los problemas ambientales, que nos invitan a encontrar soluciones no sólo en la técnica sino en un cambio del ser humano, porque de otro modo afrontaríamos sólo los síntomas. Nos propuso pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que «significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios (LS 9).

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

DÉCIMA ESTACIÓN – Jesús es despojado de sus vestiduras

El árbol pelado, símbolo del uso humano de los recursos naturales extraídos. Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”—Jn 19:23-24 (Pausa)

ANTE EL AGOTAMIENTO DE LOS RECURSOS NATURALES, OREMOS

Dios de toda la Creación, danos una visión global para ver el impacto de nuestro consumismo y de nuestras estructuras económicas. Y danos también una visión local para no desatender la complejidad de las problemáticas locales, que requieren la intervención activa de los habitantes. Ayúdanos a respetar la cultura local, la realidad local, y danos oídos para escuchar la sabiduría de las poblaciones locales, especialmente nuestras poblaciones indígenas. Estamos desnudos y expuestos frente a nuestro propio poder, que sigue creciendo, sin tener los elementos para controlarlo. Estamos despojando a la tierra de los recursos naturales e ignorando la realidad inmediata de la pobreza, sin pensar en las generaciones futuras y sin reconocer tu infinita generosidad. Ayúdanos, Señor (cf. LS 27, 105, 144)!

(Dediquemos un minuto a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

UNDÉCIMA ESTACIÓN – Jesús es clavado a la cruz

Un terreno rodeado de árboles, un espacio abierto sin un nombre particular más que la dedicación del pasaje a George Eliot que tuvo que asumir un nombre masculino para poder publicar sus escritos. Un verdadero símbolo de la deshumanización. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios”—Lc 23:33-35

POR LA ERRADICACIÓN DEL ABUSO Y LA TRATA DE SERES HUMANOS, OREMOS

Dios de toda la Creación, esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que has puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»” (Rm 8,22). Nuestra indiferencia por tus criaturas se extiende a la indiferencia por nuestros semejantes, como se ve claramente en la trata de mujeres, hombres y niños en todo el mundo. Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud. (cf. LS 2, 53).

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

DUODÉCIMA ESTACIÓN – Jesús muere en la cruz

El ciprés es el símbolo de la muerte y de la vida eterna. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Todo está consumado. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. —Jn 19, 28-30

ANTE LA MUERTE DE LA TIERRA, OREMOS

Tú que has podido crear el universo de la nada, puedes también intervenir en este mundo y vencer toda forma de mal. La injusticia no es invencible. ¡Basta un hombre bueno para que haya esperanza! Gracias, Dios de toda la Creación, por haberte encarnado en Jesús, la persona absolutamente buena que restablece la esperanza (cf. LS 71, 74).

(Dediquemos dos minutos a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

DECIMOTERCERA ESTACIÓN – Jesús es bajado de la cruz

Imaginemos aquel grupito de personas acongojadas: María, María Magdalena y Juan. Han perdido un ser querido, rechazado por el poder. Sus sueños y esperanzas se han desvanecido, y se sienten encerrados en una dolorosa realidad. Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.—Jn 19, 38

REFLEXIONEMOS SOBRE LOS MIGRANTES Y REFUGIADOS A CAUSA DE CONFLICTOS Y PROBLEMAS AMBIENTALES

El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas, y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección. Por ejemplo, los cambios del clima originan migraciones de animales y vegetales que no siempre pueden adaptarse, y esto a su vez afecta los recursos productivos de los más pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo. La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil (LS 25).

(Dediquemos dos minutos a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

DECIMOCUARTA ESTACIÓN – Jesús es puesto en el sepulcro

Es el momento de reflexionar sobre nuestros sueños y lo que ha pasado con ellos. ¿Existen todavía, o se han desvanecido? Si creemos realmente en el mensaje de esperanza de Jesús y actuamos en consecuencia podemos marcar una diferencia en este mundo. José compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.—Mc 15, 46

ANTE EL PROBLEMA DEL HAMBRE Y LA ALIMENTACIÓN, OREMOS

Dios de toda la Creación, nos olvidamos que el fin de la marcha del universo está en tu plenitud, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, el de la maduración universal. No logramos ver que las raíces más profundas de nuestros fracasos actuales tienen que ver con la dirección, los objetivos, el sentido y las consecuencias sociales del crecimiento tecnológico y económico. No queremos aceptar que el fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Ayúdanos, en tu misericordia a entender plenamente que todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que eres Tú, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Ayúdanos a reconocer que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre. Ilumínanos para que podamos descubrir las soluciones de la escasez de alimentos y la inseguridad. Ayúdanos a que, dotados de inteligencia y de amor, y atraídos por la plenitud de Cristo, salgamos del sepulcro de nuestra autosuficiencia para reconducir todas las criaturas a Ti, su Creador (cf. LS 50, 83.).

(Dediquemos dos minutos a contemplar en silencio)

Guía: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas. Derrama en nosotros la fuerza de tu amor.

R. Que protejamos la vida y la hermosura. Alabado seas.

(Mientras pasamos de una estación a otra caminemos en silencio contemplativo, o bien, cantando. Escuchemos el viento, los pájaros, la creación de Dios.)

ORACIÓN FINAL

 Purificación y vida. Dios de toda la Creación, al final nos encontraremos cara a cara frente a tu infinita belleza y podremos leer con feliz admiración el misterio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Mientras tanto, nos unimos para hacernos cargo de esta casa que se nos confió, sabiendo que todo lo bueno que hay en ella será asumido en la fiesta celestial. Junto con todas las criaturas, caminamos por esta tierra buscándote. Que podamos caminar cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza. Alabado seas (cf. LS 243,244)!

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