El Cántico de las Criaturas, la defensa de la CASA COMÚN

Desde los orígenes del cristianismo, dar la vida por el prójimo fue la primera manera de testificar la fe en Jesucristo. Los hombres y mujeres de las primeras comunidades cristianas creían que dar la vida era esencial a la fe en Jesús, estaban convencidos que “el grano de trigo que muere” se transforma en vida en abundancia. En este tiempo, dar la vida por el prójimo y por la creación, es una acción noble y un hecho explícito de ser Buena Noticia del Reino de Dios. Desde esta perspectiva de fe, reconocemos como signo de los tiempos, a cada hombre y mujer que se ha empoderado como defensor y defensora de la Vida y la creación, como lo hizo Berta Cáceres, Margarita Murillo y Jeannette Kawas, que ofrendaron su vida por defender la creación.

El informe sobre los DDHH, de “Global Witness”, en su investigación reciente presentan que sigue siendo un atentado ser un defensor y defensora de DDHH y del ambiente,  “cada vez son más los llamados a proteger el planeta; pero aquellas personas que defienden su territorio y nuestro medio ambiente están siendo silenciadas. Un promedio de más de tres personas defensoras fueron asesinadas cada semana durante 2018, mediante ataques motivados por sectores destructivos, como minería, industria maderera y agroindustria. Este año, nuestro informe anual…” (2020).

Retomemos este caminar de lucha de los pueblos Latinoamericanos, marcado por el “dar la vida por toda la creación”. La encíclica, “Laudato Sì”, tiene una palabra desde la fe en Jesús, por eso plantea que la destrucción de la creación, y de sus hijos e hijas que la defienden, tiene sus raíces en el sistema que se ha estructurado, por eso, “la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo.” (LS 23). La encíclica denuncia con preocupación que, “muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo.” (LS 27). El papa hace un llamado de atención a la humanidad, en especial a los grupos de poder económico, y propone ver con ojos sensibles la realidad de este mundo habitado, dice, “mirando el mundo advertimos que este nivel de intervención humana, frecuentemente al servicio de las finanzas y del consumismo, hace que la tierra en que vivimos en realidad se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris, mientras al mismo tiempo el desarrollo de la tecnología y de las ofertas de consumo sigue avanzando sin límite.” (LS 34).

Continua el papa, resaltando lo nocivo del sistema, “no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas.” (LS 43); por eso, “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos.” (LS 48). Este sistema crea desigualdad, y por tanto destrucción de la creación y los pueblos que la habitan (LS 51).

La encíclica plantea, que este sistema económico mundial, que es manejado por empresarios extractivistas y políticos corruptos, llega hasta asesinar a los líderes de los pueblos que se oponen al saqueo (LS 54). Por eso, la encíclica es firme en denunciar, que “Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente.” (LS 56). Como cristianos, tenemos que escuchar el grito de los pueblos unido al de la creación, que clama al Dios Creador, dirá el papa enérgicamente, “nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud.” (LS 54).

En estos tiempos de destrucción de la creación y persecución de los defensores y defensoras del ambiente, el papa propone a san Francisco de Asís como, “El santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología (San Francisco de Asís), amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10).

En estos días de pandemia, el virus ha venido a mostrar las situaciones de injusticia, inequidad y de explotación de la creación, que el sistema neoliberal extractivista ha generado. Desde el “Cántico de las Criaturas” de san Francisco de Asís, proclamamos que es necesario recuperar una relación armoniosa y en igualdad con toda la diversidad que existe en la creación, donde estructuremos la posibilidad de una fraternidad cósmica, en lugar de una oligarquía planetaria depredadora.

René Arturo Flores, OFM

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