Sobre los aprendizajes del amor

Hola hermanos, me es muy grato poder participar de esta bella experiencia de encuentro a través de este medio de comunicación. Me gustaría a lo largo de este tiempo compartir la bella realidad de la vocación en relación con la misión, con el envío. Y quizás la punta del ovillo puede ser empezar  por la oración, por el dialogo con Dios. Pero como hay tanto sobre oración ya escrito y todo eso escrito es tan bueno, prefiero reflexionar por el gran detalle del amor. Que es tan primordial en la misión y nuestra vocación.

Imaginemos que aprendemos como si dentro nuestro existieran múltiples figuras – imágenes – con las que construimos formas  y estructuras a partir de nuestras experiencias. Bueno; esto es lo que postula la Psicología constructivista. Y mas allá de que todas las teorías científicas son un acercamiento a lo que es verdadero y que aún permanece por ser descubierto lo tomemos como ejemplo para charlar sobre “los aprendizajes del amor”.

Veamos un ejemplo: un niño que conoce lo que es una aguja de coser, su experiencia le dice que una aguja es un pequeño elemento alargado de acero y que en uno de sus extremos es puntiagudo en el otro tiene un pequeño orificio donde se pasa el hilo.

El ha visto muchas veces agujas, ha visto a sus mayores usarlas, sabe para que se usan. Dentro de él existe una estructura con la que edifica la idea o concepto de aguja. Ahora bien, un día, por azar, se encuentra por primera vez con un alfiler. Es muy parecido a una aguja pero no lo es.

Este niño tratará de sostener y cuidar la estructura de pensamiento que tenía, tratara de no cambiarla, esa estructura de pensamiento le produce bienestar.

Pero lo más probable es que le llame mucho la atención esa aguja que en vez de ojo tenga esa terminación tan diferente en su costado no puntiagudo.

Podría pensar que esa aguja esta mal hecha, o que está rota. Hasta quizás muy probablemente se sienta inseguro y esta aguja “rara” o “rota”  o “mal hecha” le cause ansiedad. El aprendizaje de que no es una aguja rota o mal hecha y que se trata de un nuevo objeto que se llama “alfiler”,  será todo un trabajo, una nueva estructura en su pensamiento donde muchas veces la ansiedad, de crear un nuevo tentempié, lo llevará a pensar que el alfiler no existe, que solo se trata de una aguja mal hecha.

Con el Amor de Dios nos pasa igual, cuando intentamos acercarnos al amor de Dios ya vamos con estructuras aprendidas, y esas estructuras o tentempié no son ni mas ni menos que nuestra experiencias previas del amor, amor humano obvio. Y actuamos frente al amor de Dios como ese niño frente al alfiler; tratamos de buscarle el agujerito al amor de Dios por donde vamos a pasar nuestras ofrendas para “ganarnos su Amor”. Es decir, si el amor de mis padres, de mis amigos, de mi esposo/esposa, de mis hijos, etc. Me los gané a méritos de ser bueno; con el amor de Dios voy a ser igual.

Es la estructura de pensamiento dentro mío, son mis aprendizajes del amor, como el niño que solo vio agujas, así solo vimos amor humano. Y en el amor humano comúnmente se conquista, se consigue, se gana, hay que hacer algo para ser amado.

Y de aquí surgen dos tipos de personas: Las que hacen de todo, y compiten con los demás para hacer mas que ellos porque sienten que así se gana el amor de Dios; y las que del vamos saben que como no los amaron los padres, los iguales, entonces, tampoco me ama Dios y ni siquiera se esfuerzan en buscar el Amor Divino.

Ambas caras de una misma moneda. Trato de relacionarme con el Amor de Dios con mis estructuras aprendidas en mis experiencias de amor humano. Esto suele ser un gran impedimento para vivir el PENTECOSTÉS en mi vida.

El niño que ve el alfiler, por primera vez, seguro intentara permanecer en sus viejas estructuras de pensamiento, no querrá reconocer el alfiler como diferente a la aguja, así igual nosotros  intentamos sentirnos merecedores del Amor de Dios a través de nuestros esfuerzos humanos.

Es normal y lógico que surjan estos problemas en nuestra vida espiritual. Es normal que nuestras estructuras viejas de aprendizaje en el amor luchen dentro nuestro por permanecer. Pero: ¿No será acaso el mayor acto de humildad sobre la tierra en ser humano alguno solo dejarse amar, solo dejarse envolver con ese único, irrepetible, eterno, insondable amor de Dios, solo abandonarse en la gratuidad de ese amor?

Leonardo Ariel Vega Gil O.F.S.

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