María Magdalena mujer libre, discípula y apóstol.

María de Magdala, las primeras comunidades te guardaron reverencia y memoria como apóstol; fuiste testigo del Señor resucitado. Tú y María, la Madre de Jesús, fueron testimonio vivo del Reino propuesto por Jesús. Sí creyeron amando al Maestro.

Fuiste mujer osada y fiel hasta la cruz. Viviste con dignidad tu ser mujer creyente en medio de una sociedad patriarcal; experimentaste con las otras mujeres, ser discípulas de Jesús, ser mujer libre.

Fuiste mujer, discípula y apóstol en la memoria de las primeras comunidades; tu vida Magdalena, estaba unida a la del Resucitado. Fuiste mujer, de vino nuevo en vasijas nuevas.

Mostraste el rostro femenino de la evangelización en el inicio de la Iglesia. Por eso, los primeros cristianos, en especial las comunidades de Pablo valoraron a la mujer tan igual que los hombres para los ministerios eclesiales.

María Magdalena, en la teología cristiana de la edad media, fuiste resaltada como una “prostituta”. En esta época, la teología medieval, impregnada por el machismo religioso y el clericalismo emergente, consideraba a la mujer el demonio, la tentación sexual para el hombre, un ser humano en menor dignidad que el hombre; al mismo tiempo, la inquisición, actuó asesinando a muchas mujeres consideradas herejes o brujas.

María Magdalena, tu fuerza apasionada del anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios, sigue moviendo a la jerarquía de la Iglesia a que se abra a reconocer en la práctica la dignidad igual entre hombre y mujer, aceptando que participe en los espacios ministeriales de la Iglesia.

María Magdalena, memoria de un corazón apasionado, libre y generoso que se expresó en la opción por el Reino de Dios anunciado por Jesús. Mari…eres memoria subversiva en este sistema patriarcal religioso.

María Magdalena, recientemente entraste en la liturgia, siendo reconocida como mujer libre y evangélica, discípula de Jesús y enviada a llevar la Buena Noticia de la Resurrección. Hoy la Iglesia entera celebramos tu memoria de mujer, que nos inspira libertad, audacia y apertura al amor de Jesús.

René Arturo Flores, OFM

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