Benedicto XVI advierte sobre el peligro de una «Iglesia y doctrina sin fe»

Benedicto XVI advierte sobre el peligro de una "Iglesia y doctrina sin fe"

«Mientras el oficio, y no el corazón y el espíritu, hablen en los textos oficiales de la Iglesia, habrá un éxodo del mundo de la fe», advirtió el papa emérito.

El papa emérito Benedicto XVI advirtió a sus compatriotas alemanes sobre el peligro de una «Iglesia y doctrina sin fe», lo hizo en una entrevista con el periodista Tobias Winstel, en el marco de los 70 años de su ordenación sacerdotal y Hermano sol te comparte la entrevista.

En el artículo publicado en «Herder Korrespondenz», el papa emérito enfatiza que “solo la fe libera a las personas de las limitaciones y estrechez de su tiempo”, de ahí que sostiene que “la doctrina debe desarrollarse en la fe y no estar al lado de ella», indicó.

La doctrina debe desarrollarse en y desde de la fe, no permanecer a un lado de ella”, aseveró Benedicto. Y consideró que “los textos oficiales de la Iglesia alemana están escritos en gran parte por personas «para quienes la fe es solo una cuestión oficial”,

Asimismo, señaló que “en las instituciones de la Iglesia -hospitales, escuelas, Cáritas- muchas personas están involucradas en posiciones decisivas que no apoyan la misión interna de la iglesia y, por lo tanto, a menudo oscurecen el testimonio de esta institución”.

El papa emérito espera “un verdadero testimonio personal de fe por parte de los portavoces de la Iglesia” que ilumine el camino, así como advierte que “mientras en los textos oficiales de la Iglesia sólo hable desde la oficialidad, pero no desde el corazón y el espíritu, continuará el éxodo del mundo de la fe”.

Asimismo, el papa bávaro destacó que “la Iglesia se compone de trigo y paja, de peces buenos y peces malos. Por tanto, no se trata de separar a los buenos de los malos, sino de separar a los que creen de los que no”. 

En la conversación, Benedicto XVI  respondió a la pregunta sobre si fue un buen sacerdote cuando sirvió en la Iglesia de la Preciosa Sangre en el distrito de Bogenhausen en Munich, tras su ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1951.

“Si fui o no un buen sacerdote y pastor, no me atrevo a juzgar”, pero precisó que buscó “vivir de acuerdo a las exigencias de mi ministerio y ordenación”.

Editorial de Andrea Tornielli
Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio de Comunicaciones de la Santa Sede, dedicó su Editorial de este martes 27 de julio a las respuestas del “teólogo Joseph Ratzinger, papa emérito” al Herder Korrespondenz.

“En un pasaje de la entrevista, en el que casi nadie se ha detenido -escribe Tornielli- Benedicto XVI afirma: «Ante todo, entonces, el creyente es una persona que se cuestiona a sí misma, una persona que debe encontrar continuamente la realidad de esta fe. detrás y en contra de las realidades opresivas de la vida cotidiana. En este sentido, la idea de un «vuelo hacia la doctrina pura» me parece absolutamente irreal. Una doctrina que existiera solo como una especie de reserva natural, separada del mundo cotidiano de la fe y sus exigencias, representaría de alguna manera la renuncia a la fe misma. La doctrina debe desarrollarse en la fe y partiendo de ella y no acompañarla”.

Tornielli destaca que “las palabras del papa emérito, como también se puede ver en el resto de la entrevista, resaltan el rostro de una Iglesia que habla con el corazón y el espíritu, porque una Iglesia que habla solo con su oficialidad doctrinal o el funcionalismo de sus estructuras, termina para alejar en lugar de atraer”.

Y añade: Ya en 2001, en la entrevista del libro con Peter Seewald «Dios y el mundo», el entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe había declarado: «La naturaleza de la fe no es tal que a partir de un momento determinado sea es posible decir: yo lo tengo, otros no. La fe sigue siendo un camino. Un camino permanece a lo largo del curso de nuestra vida y, por lo tanto, la fe siempre está amenazada y en peligro. Y también le conviene evitar el riesgo de transformarse en una ideología manipulable. A riesgo de endurecernos y hacernos incapaces de compartir la reflexión y el sufrimiento con el hermano que duda y se cuestiona. La fe sólo puede madurar en la medida en que soporta y asume la angustia y la fuerza de la incredulidad en cada etapa de la existencia y finalmente la atraviesa hasta volver a ser viable en una nueva era «.

El director editorial señala que “el creyente que no lo sabe ya todo, pero se cuestiona ante la realidad de la vida cotidiana, la fe que no es una posesión adquirida de una vez por todas, sino un camino y un desarrollo, lejos de cualquier escape a la doctrina reducida a una reserva natural separada del mundo. El creyente que necesita las preguntas y dudas del no creyente, para no reducir su fe a una ideología, a un esquema: estos son temas que Benedicto XVI ha explorado más de una vez como teólogo, cardenal y luego Papa”, destaca Tornielli.

Y acotó: “Y es una mirada que encontramos varias veces en las palabras de su sucesor Francisco. Por ejemplo, en el diálogo que mantuvo con sacerdotes, religiosos y religiosas en la catedral de Milán el 25 de marzo de 2017, cuando invitó a quienes evangelizan a estar libres de resultados y a no entristecerse por los desafíos que la Iglesia se encuentra viviendo hoy, advirtiendo del riesgo de transformar la fe en ideología.

“Es bueno -dijo Francisco- que hay desafíos porque nos hacen crecer. Son signo de una fe viva, de una comunidad viva que busca a su Señor y mantiene los ojos y el corazón abiertos. Más bien hay que temer a una fe sin desafíos, a una fe que se considera completa, completamente completa: no necesito otras cosas, todo hecho”.

“Los desafíos –agregó en esa ocasión el Francisco– nos ayudan a que nuestra fe no se convierta en ideología. Siempre existen los peligros de las ideologías. Las ideologías crecen, brotan y crecen cuando uno cree que tiene una fe completa, y se convierte en una ideología. Los desafíos nos salvan de un pensamiento cerrado y definido y nos abren a una comprensión más amplia de los datos revelados”, concluyó Tornielli su editorial.

Fuente: aica.org

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