De la Conferencia General a la Asamblea Eclesial – Parte I

por Eduardo Black (ofs)

(especial para HERMANO SOL)

El pasado 23 de enero de este 2021, desde tierra azteca, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) realizó la Presentación de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, convocada “en comunión con el Papa Francisco”, bajo el lema: “Todos somos discípulos misioneros en salida”. Tanto la asamblea  como su lema arrancan de dos ideas fuerzas, nacidas del pensamiento innovador del ‘papa del fin del mundo’: la sinodalidad y la esencia del mandato de Cristo a su Iglesia; es decir: “Bautizados y Enviados”. Pero el videomensaje enviado por Vicario de Cristo y ‘vescovo di Roma’ al Celam -último mensaje difundido previo al video de presentación de la Asamblea Eclesial y al solemne cierre con la celebración eucarística- iluminó el sentido de la inspiración que lo movió a promover la convocatoria y trascendió todos los conceptos previos (y posteriores) vertidos y difundidos durante ese evento, en el Santuario de la Patrona de América.

Aunque se trate de una cuestión de naturaleza eclesial, es lícito aplicarle, sin importar el credo que profesara Albert Einstein, la conocida  frase que tradicionalmente se le atribuye: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”; ya que, como afirma Santo Tomás de Aquino: “Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo” (Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est).

   Es el hilo conductor de la necesidad del cambio de paradigmas o, mejor dicho, del tránsito en la búsqueda de perspectivas y horizontes nuevos de amor y misericordia, que muevan a la Iglesia Peregrina -madre y maestra humilde- a salir y llevar la Buena Nueva en cada etapa y momento de la Historia, a todas partes y a todas las gentes; con lenguaje y actitud renovados, acorde con los tiempos y los pueblos y sus culturas, costumbres e idiosincrasias; para que, al escucharla, crean en la Palabra hecha carne, verdad y camino, y se bauticen en el nombre de  Dios uno y trino, carguen confiadamente su cruz  y sigan en alegre rebaño, con fe y esperanza, al Buen Pastor, hacia la Casa del Padre.

             Así lo había entendido el papa San Juan XXIII que, a mediados del s. XX, afrontó el desafío de aggiornar la Iglesia; para lo cual convocó el Concilio Vaticano II, que -tras tres años de ardua preparación- se inauguró el 11 de octubre de 1962, dando comienzo a un esperado proceso transformador, que hasta ahora perdura (o, quizá, se reinicia) con el papa Francisco.

            “Pronuncio ante sus eminencias temblando de conmoción, pero al mismo tiempo con humilde resolución de propósito, el nombre y la propuesta de la doble celebración de un Sínodo Diocesano para la Urbe y de un Concilio Ecuménico para la Iglesia Universal”, dijo el papa Juan el Bueno al Colegio Cardenalicio tras la celebración de la Conversión de san Pablo en la basílica vaticana, el 28 de octubre de 1958, a menos de tres meses de su elección como papa; y agregó que lo convocaba para “incremento de la fe católica y saludable renovación de las costumbres del pueblo cristiano, y para actualizar la disciplina eclesiástica, según la necesidad de nuestros tiempos”.

La Primera Asamblea

            Se puede decir que la misma visión transformadora de San Juan XXIII se percibe en los discursos de Francisco. Otro escenario mundial, otra realidad del Pueblo de Dios, la incidencia del cambio climático y ahora la pandemia, la naturaleza diversa de los eventos convocados, pero el mismo ánimo, el mismo espíritu de renovación. «La Asamblea Eclesial es la primera vez que se hace, no es una conferencia del Episcopado Latinoamericano cómo se hacía en las anteriores – la última en Aparecida – de la cual todavía tenemos que aprender mucho.

No. Es otra cosa, es una reunión del pueblo de Dios laicas, laicos, consagradas, consagrados, sacerdotes, obispos, todo el pueblo de Dios que va caminando. Se reza, se habla, se piensa, se discute, se busca la voluntad de Dios«, decía rotundo el Papa en su videomensaje, dándoles una verdadera interpretación auténtica de la sinodalidad, a los convocantes y “responsables” de esa Asamblea; es decir, a todos los obispos del CELAM.

Las cátedras son para hacer docencia y fue más que evidente eso era lo que el Santo Padre Francisco, desde la de Pedro, estaba haciendo.

            El mensaje fue directo, más allá de lo simbólico, muy de Francisco, de buscar, con el envío de una grabación de ese mismo día, algo cercano a la presencialidad, aunque bastase con las palabras de su delegado personal designado para la Asamblea Eclesial o, inclusive, que éste leyera un mensaje del Sumo Pontífice, aprovechando quizá la diferencia horaria entre Italia y México, el mismo día sábado, previo a la ceremonia inaugural convocada en el santuario de Guadalupe y, también, en las vísperas del Domingo de la Palabra (instituido por él mismo para el III domingo del tiempo ordinario, en 2019 y que era su segunda celebración litúrgica) y de la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Shemá Israel

Previo a la Asamblea, se confeccionará un Instrumentum Laboris (Todos Somos Discípulos Misioneros en Salida), idea en virtud de la cual el Papa Francisco sugirió a quienes le fueron a proponer el encuentro de obispos del CELAM, posponerlo para noviembre 2021; como continuidad de Aparecida, sí; pero a partir de ese Instrumento de Trabajo elaborado en función de la escucha, no solamente del pueblo de Dios, en toda su riqueza y diversidad, sino de todos aquellos sinceros de corazón y de buena voluntad que quieran manifestarse.

                        A tal efecto, se habilitó el sitio web https://asambleaeclesial.lat, donde se pueden inscribir las personas grupos, comunidades u organizaciones que deseen participar con su aporte de la escucha (hasta el 31 de agosto 2021, reiteramos), con total garantía de resguardo de la identidad y privacidad; como absoluta garantía de la libertad de expresión y con el compromiso, por parte de los organizadores, de considerar todos los aportes, para la elaboración del Instrumento de Trabajo.

            Los términos shemá(escuchar, atender u obedecer, según el caso) y akouō(oír), se repiten, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento. Veamos algunos ejemplos, sin pretensión de agotar el tema y leyendo -con actitud orante- la Biblia toda, en clave de Jesucristo.

            En Marcos (12, 28-34; cf. Mt. 22, 34-4034-40; Lc. 10, 25-28), leemos que un escriba “…le preguntó: <<¿Cuál es el primero de los mandamientos?>>, Jesús respondió: <<El Primero es: Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y amarás al Señor, tu Dios, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Dt. 6, 4-5). El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev. 19, 18). No existe otro mandamiento mayor que estos>>…”

            Jesús le responde a alguien conocedor de la Ley o Torá -que los cristianos llamamos Pentateuco-, parte fundante del Tanaj o Biblia hebrea, recurriendo a sendas citas de dos libros allí contenidos; pero también, al comienzo de la cita deuteronómica, contiene un elemento para que todos comprendan, que interpela tanto de sabios como de legos: “Shemá Israel”, que no es una  mera exhortación al pueblo de la antigua alianza, sino que, tal como dice la nota a Dt. 6, 4 de la Biblia de Jerusalén: “…Con ella comenzará la oración llamada Shemá (<<Escucha>>), que sigue siendo una de las preferidas de la piedad judía…”

            En el mismo sentido, pero no fundado ya en la Ley entregada por Yahvé con amor a su pueblo Israel, sino como directo mandato de Amor de Padre que, en la Transfiguración del monte Tabor, proclama: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo.” (Mc. 9, 2-10; Mt. 17, 1-9; Lc. 9, 28-36).

            Es la Nueva y eterna Alianza, en la que ley se perfecciona en el Verbo, Hijo amado y enviado; y, con Él y en Él, la Escucha también se perfecciona, cuando resuena esa Palabra que nos convoca a ser perfectos como mi Padre es perfecto (Mt. 5, 48; 1P. 1, 16; Lv. 19, 2) o cuando invocamos -sea cual fuere la circunstancia- al único Nombre que salva (Hch. 4, 12; Mt. 1, 21; Jn. 14, 6; 1 Co. 3, 11; 1Tm. 2, 5-6; Hb. 2, 3; Ap. 20, 15); el de Jesús, que -en Hebreo- significa “el que salva”.

            Pero este no es el único sentido de la  Escucha. No solamente lo escuchamos, también -y fundamentalmente, porque no nos abandona- Dios escucha a su pueblo (Ex. 2, 23-25; Jr. 29, 12; Sal. 5, 3; 18, 6; 116, 1-2) y a cada uno de nosotros (Mt. 7, 7-12; Lc. 11, 9-13; Jn. 14, 13; 15, 7; 15, 16; 16, 24) y, así, podríamos seguir citando.

            Dios nos habla y nos escucha, y nosotros lo escuchamos y le hablamos, porque orar -rezando directamente o, como decía Don Bosco, haciendo de la vida una oración- es, en esencia, conversar con Dios; sea con Él, sea a través de la Mediadora Universal o de algún otro santo intermediador o de algún prójimo (reiteramos, amigo o enemigo) en cuyo rostro vemos el rostro de Jesús, el Cristo.

            Y, en todo esto, se puede buscar el sentido que da fundamento al período de Escucha,  previo a la elaboración del Instrumentum Laboris, en la Primera Asamblea Sinodal del CELAM.

            Precisamente en esta dirección -según informara la Agencia Vatican News (https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2021-07/celam-escucha-es-la-palabra-que-define-a-la-asamblea-eclesial.html)- es que el Obispado peruano lanzó una Web dedicada a la Asamblea Eclesial de América Latina; y, desde el Vaticano, la Agencia anunciaba que, según informó la Oficina de Comunicaciones del CELAM, en una entrevista en dos emisiones especiales, concedida al programa “Sacro y profano”, del canal Once de México.

Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), invitado a la primera emisión, consideró que la Escucha es el principio que orienta la acción y habló de los antecedentes de la Asamblea Eclesial y la propuesta del Papa Francisco de continuar con la implementación de la propuesta pastoral de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe efectuada en Aparecida hace 14 años; y declaró:

             “La Asamblea Eclesial es una experiencia inédita para la Iglesia continental que toma como punto de referencia la teología del pueblo de Dios, es decir, la participación de todos.”; concluyendo que: “Así, el principio fundamental que orienta todas estas acciones es la escucha, porque valora los aportes del otro y facilita la aplicación de los principios del Concilio Vaticano II. Experiencia que hacia el futuro puede convertirse en una metodología susceptible de ser replicada en la Iglesia universal a partir de lo vivido en América Latina y el Caribe.”

A la segunda emisión concurrió invitado el Secretario de Acción Pastoral, Mauricio López Oropeza, quien -según lo difundido por la pre mencionada Agencia- “hizo énfasis en que la Asamblea Eclesial no es un evento, sino un proceso en el que caminamos juntos y juntas, acogiendo la invitación del Papa Francisco de invertir la pirámide y seguir la vivencia del Sínodo Especial para la Amazonía y los grandes aprendizajes que generó.

                       Esto implica no excluir a nadie, más bien invita a dirigirse a quienes nunca fueron consultados o valorados en su opinión, considerando la diversidad de carismas y la igualdad de compromisos que tenemos como creyentes. Ideales que en la organización de la Asamblea Eclesial se aterrizaron en una serie de fases que permitieron definir los contenidos, elaborar los documentos para provocar la reflexión, concebir actividades para propiciar la participación, animar la escucha y el intercambio de saberes con la esperanza de que cada uno se apropie de las temáticas y los aportes se sientan desde cada realidad.

            De esta forma la Asamblea Eclesial ya empieza a transformar la realidad de la Iglesia en tanto interpela a todos para reflexionar, hablar y proponer con un ritmo innovador que no busca fragmentar sino abrir nuevos caminos para que la iglesia siga su proceso de acercarse decididamente a la realidad de los creyentes.”

            Y esta tesis sobre la universalidad del proceso transformador de la Iglesia y de los cristianos, su conversión y envío, que con tanta convicción plantearan ambos prelados en la televisión mexicana, a la luz del Vaticano II, quizá el Espíritu Santo comenzó a insuflarla, lenta y pacientemente, en el Miembro Informante de Aparecida y Arzobispo de la opción por los pobres, a quienes escuchaba en Buenos Aires, Mons. Bergoglio,

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