El Papa Francisco y los Pobres

El Ministro General de la OFM, Fr Massimo Fusarelli, invito a los frailes a sumarse a este gesto del papa Francisco, “el próximo 14 de noviembre se celebrará la V Jornada Mundial de los Pobres y precisamente dos días antes, viernes 12 de noviembre, el Papa Francisco hará un peregrinaje a la Porciúncula, en la Basílica de Santa María de los Ángeles, donde se encontrará con 500 pobres, procedentes de diferentes partes de Europa, para escucharlos y dialogar con ellos.” (18-10-2021).

El papa Francisco inició la “Jornada Mundial de los Pobres” en el 2017, con el lema: no amemos de palabras sino con obras. En la Jornada del 2018, el lema fue: este pobre gritó y el Señor lo escucho. La Jornada del 2019, tuvo el lema: la esperanza de los pobres nunca se frustrará. Y en la Jornada del 2020, fue: Tiende la mano al pobre.

Este año 2021 la Jornada tiene el lema: a los pobres los tienen siempre con ustedes. Podría surgir la inquietud de ¿por qué tanta insistencia en la religión cristiana con los pobres? ¿no basta en la Iglesia con cumplir los preceptos, conocer la doctrina y participar de los sacramentos? ¿qué tiene que ver los pobres con la eucaristía, con la adoración del santísimo, con el construir un templo dedicado a la “virgen de Fátima”? Si vemos la fe y espiritualidad cristiana desde la eclesiología de la “cristiandad”, que fue el modelo hasta el Concilio Vaticano II (1965), donde los pobres son un “objeto” de la caridad de los ricos católicos o del asistencialismo que se expresa en buenas obras.

La fe cristiana, se basa en el encuentro vital con la persona de Jesús, y su propuesta del reino de Dios, a la cual sirve la Iglesia. Los evangelios presentan a Jesús en su modo de estar y actuar cercano, comprometido y sirviendo a los más empobrecidos y excluidos por la religión judía. Jesús, se quedó presencialmente en la historia, en cada humano excluido, migrante, hambriento, oprimido y despojado por los grupos de poder económico que estructuran un sistema de inequidad e injusticia en cada época (Mt 25, 31-46). Jesús actuó liberando y dando la salud de manera integral, a las mayorías empobrecidas, a las mujeres y los enfermos de los caminos. La Buena Noticia del reino de Dios busca dar vida en abundancia; por eso, la fe y espiritualidad cristiana tiene su origen en las palabras, gestos y acciones que Jesús nos propuso a sus seguidores y seguidoras.

La Iglesia desde el Concilio Vaticano II, comenzó una transformación histórica movida por el Espíritu, que se centraba en volver a los orígenes del cristianismo: allí donde está el manantial de agua sin contaminar, donde todos podemos beber. Con mucha razón, el Ministro General de la OFM, Fr Massimo expresó en su carta exhortativa, que “me vinieron a la mente las palabras de San Juan XXIII, terciario franciscano, el cual un mes antes de la apertura del Concilio, dijo con espíritu profético: La Iglesia se presenta como es y cómo quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres. (Radiomensaje del martes 11 de septiembre de 1962).”

Esta búsqueda de volver a una Iglesia de los pobres, tiene como misión: el anunciar y practicar la Buena Noticia del reino de Dios. Pablo VI (canonizado por el papa Francisco), como continuador de las directrices del Concilio, siguió este camino de constituir una Iglesia con los pobres, enfatizando la práctica de la justicia y equidad en el mundo actual; creando las condiciones a lo interno de la organización de la Iglesia para que se comprometiera en luchar por la justicia a favor de las mayorías empobrecidas, esto se plasmó en la encíclica Populorum Progressio (1967).

Todo este movimiento del Espíritu en la Iglesia, llevó a los pastores (obispos) de América Latina, a iniciar un camino de renovación hacia la Iglesia de los pobres, basada en la práctica de la justicia, la solidaridad y la liberación de los pueblos de este continente oprimido y devastado. En estos pueblos, la renovación eclesial tomo un camino sinodal por medio de las Conferencias animadas por el CELAM, como lo fue la de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992), Aparecida (2007). Con ese mismo espíritu sinodal y profético, se desarrolló el Sínodo de la Amazonía (2019), donde fue la “hermana agua”, los bosques y los pueblos del Amazonas que convocaron a la Iglesia católica. Siguiendo con este sentido sinodal, en la actualidad estamos en movimiento hacia la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que se realizará en noviembre de este año 2021.

Este camino eclesial de una Iglesia de los pobres, al modo de las bienaventuranzas, trajo consigo lo que dijo Jesús: la persecución, criminalización y asesinato de los miembros de la comunidad cristiana (Mt 5,10-11). Son miles de bautizados que han “vencido por la sangre del Cordero” (Ap 7,14; 12,11), que con su martirio se han unido al primer mártir: Jesucristo. En esta lista grande de testigos (Heb 1,1) hay hombres, mujeres, jóvenes y adultos, sacerdotes, religiosas y obispos, como nuestro gran pastor y profeta: Mons. Oscar Romero (canonizado por el papa Francisco), que nos iluminan el camino en esta “hora” que nos toca vivir en el continente.

Celebrar una “Jornada de los Pobres”, es solo un pequeño símbolo de lo esencial de la fe cristiana: los pobres, que es donde inicia el reino de Dios. No se trata de pensar que los pobres son una parte de la “caridad”, o una acción “social” en la Iglesia católica, sino, que los empobrecidos y pobres con espíritu, nos dicen el lugar y la misión de la iglesia como servidora del reino de Dios.

El gesto que hará el papa Francisco de encontrarse con 500 humanos empobrecidos, es un símbolo cristiano que dice de una Iglesia que camina con los empobrecidos, que los escucha y busca asumir sus causas por la justicia y la vida digna. Este encuentro al hacerlo en la “Porciúncula”, allí donde inició la aventura aquella primera fraternidad laica de “frailes menores”, es para nosotros los de la familia franciscana un desafío a volver a lo original del carisma y la espiritualidad que nos heredaron Francisco y Clara de Asís.

René Arturo Flores, OFM

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