Jornada mundial de los pobres y San Francisco

La V Jornada Mundial por los Pobres que el papa Francisco promueve este año 2021, busca seguir insistiendo en el compromiso y opción de la Iglesia por los empobrecidos, excluidos y descartados que el sistema neoliberal va dejando en el camino de la vida. Retomemos lo que la Iglesia que camina en Latinoamérica afirmó en la Conferencia Puebla (1979), cuando se propuso hacer una “opción preferencial por los pobres”; esta Conferencia señalaba en uno de sus numerales que, “por el mero hecho de ser pobres, independientemente de su situación personal y moral, Dios sale en su defensa y los ama” (DP#1142).

En este sentido es válido retomar el nuevo término acuñado en la Real Academia de la lengua española: “aporofobia”, fobia al pobre. Este término lo desarrollo Adela Cortina, y logró que se pusiera visible en el lenguaje castellano. Retomo unas líneas del enfoque que hace el sacerdote y sicoterapeuta Luis Murillo Madrigal desde una perspectiva sicosocial, cuando expresa, “Aporofobia, la sombra social”.

“En griego: aporos= pobre, fobeo= miedo, aversión o rechazo irracional a persona, cosa o situación. Por tanto, aporofobia indica el miedo o rechazo irracional al pobre por el hecho de serlo.

Por tanto, la aporofobia designa: la aversión, el desprecio al pobre, rechazo irracional a quien no puede devolver nada a cambio o al menos parece no poder hacerlo. Vivimos en un mundo de dar y recibir, pero “el pobre parece quebrar este juego del toma y daca, porque nuestra mente calculadora percibe que no van a traer más que problemas a cambio y por ello prospera la tendencia a excluirlos”.

La aporofobia tiene un alcance universal: todos los seres humanos somos aporófobos, esto tiene raíces cerebrales, pero también sociales, que se pueden y se deben modificar, si es que tomamos en serio al menos esas dos claves de nuestra cultura que son el respeto a la igual dignidad de las personas y la compasión, entendida como la capacidad de percibir el sufrimiento de otros y de comprometerse a evitarlo.

Despreciar algo o alguien sea por su cultura, etnia, raza, tendencia sexual, o creencia religiosa o tipo de vida, conlleva inconscientemente un sentirse superior respecto de quien se desprecia.  Desde ahí el rechazo está legitimado. Esto sucede de igual forma con las fobias sociales. Como bien dice Adela Cortina, “lo peculiar de este tipo de fobias es que no son producto de una historia personal de odio hacia una persona determinada con la que se han vivido malas experiencias, sea a través de la propia historia o historia de antepasados, sino que se trata de animadversión hacia determinadas personas, a las que las más de las veces no se conocen, simplemente es porque gozan de la característica propia de un grupo determinado, que quien experimenta la fobia considera temible o despreciable, o ambas cosas a la vez” (Murillo, L F. Aporo-fobia.  I. La Sombra Social. Tomado de los “Cursos de psicología y espiritualidad. 2018-2019. Madrid).

Sigamos con este planteamiento desde la perspectiva y espiritualidad franciscana. Toda la vida de Francisco de Asís está marcada por encuentros y relaciones con el entorno, tanto con los otros humanos, como con las criaturas, y el encuentro privilegiado era con los pequeños, leprosos y los pobres de los caminos.

El encuentro de Francisco de Asís con el “leproso”, fue un acontecimiento que quedó en su memoria, cuerpo, afecto y espíritu, por eso lo resaltó en su Testamento (1226) “El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (1-3). (1205-1206); Fr Niklaus Kuster, expresa sobre este acontecimiento que: “en la revisión retrospectiva de su vida, el Santo reconoce el asco desagradable que ha sentido como comerciante ante los enfermos de lepra. Comparte esta repugnancia con toda la ciudad medieval. Esta enfermedad se introdujo en Europa como consecuencia de las cruzadas…causando un pánico creciente como “plaga” desconocida…” (Kuster Niklaus. Francisco de Asís. El más humano de todos los santos. Herder. 2003. España).

Este encuentro de Francisco de Asís con el Leproso, cuestiona e ilumina la realidad social de la aporofobia, al respecto planteo algunas consideraciones:

Francisco es hijo de su época, una sociedad dividida por dos clases sociales, los mayores y los menores, además de estos, estaban por debajo: los pobres, y luego los leprosos. En esta sociedad los pobres vivían en la marginalidad de los caminos, fuera de la vida social y eclesial; el caso de los leprosos como bien lo dijo Niklaus, están excluidos del sistema, estructura y lugar social de Asís.

Francisco, en su encuentro con el “leproso”, rompe con su propio “miedo o rechazo” a los leprosos; vive la experiencia de dar pasos de “acercarse” y “vencer” su misma inseguridad ante el pobre, excluido y enfermo. Ese acercamiento al leproso, está unido a la dinámica de encuentro consigo mismo, que ya era una práctica en Francisco, por eso, es posible que al ver la verdad y fragilidad en sí mismo, pudo “vencer” su miedo, y así poder acercarse al “leproso” del camino.

En este encuentro, Francisco va más allá del rechazo personal y social hacia el “leproso”: se abraza en ese abrazo, se besa en ese beso. 

Este encuentro con el “leproso”, hace que en Francisco cambie la mirada y sentido de lo despreciable o “amargo” en “dulzura del alma y del cuerpo”. La repugnancia, desprecio y miedo al “leproso”, fue cambiada por el reconocimiento de la dignidad en el enfermo y pobre: es que reconocer la dignidad humana en el rostro del otro, me hace ver mi humanidad.

La aporofobia, muestra la perdida de contacto con la miseria de nuestro propio cuerpo y espíritu, no me deja tocar mi verdad. El actuar con misericordia, como lo expresa el mismo Francisco, es reconocer la miseria propia ante la miseria del otro: el leproso. Solo desde una experiencia de sentirse misericordiosamente acogido por la vida, podemos abrazar la miseria del otro, y experimentar la experiencia de la misericordia de Dios.

La aporofobia al unirse con la xenofobia, hacen un “coctel” deshumanizador que hace que muchas personas desprecien, rechacen y consideren enemigo al migrante. El migrante irregular que ingresa a México y los EEUU, se vuelve víctima de un sector de la población, de grupos del crimen organizado, agentes del estado y de los policías-militares,

Para Francisco de Asís, el estar con los empobrecidos conlleva una opción socio-económica, al mismo tiempo, es estar de manera afectiva con los últimos y excluidos, inspirados en la práctica de Jesús, el Señor: “Todos los hermanos empéñense en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo… Y deben gozarse cuando conviven con personas de baja condición y despreciadas, con pobres y débiles y enfermos y leprosos y los mendigos de los caminos” (RegNB 9,1-2). Sigamos la inspiración en el pequeñuelo Francisco: el crucificado que abrazo los crucificados de la historia.

René Arturo Flores, OFM

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *