Múltiples caminos, un solo horizonte… el Señor

 La vida consagrada…. Celebró su XXVI Jornada Mundial. Tres mensajes acompañaron esta Jornada, múltiples caminos, un solo horizonte… el Señor.

El Santo Padre Francisco en la Homilía del 2 de Febrero, La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida apostólica (CIVCSVA) el 25 de enero y la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR) el 2 de febrero envían a todos los Consagrados y Consagradas un mensaje se cercanía y afecto fraterno.

El Papa nos invita a “seguir los pasos de Simeón: él, en un primer momento, es conducido por el Espíritu, luego, ve en el Niño la salvación y, finalmente, lo toma en sus brazos (cf. Lc 2,26-28). Detengámonos en estas tres acciones y dejémonos interpelar por algunas cuestiones importantes para nosotros, en particular para la vida consagrada”.

“Preguntémonos entonces, ¿de quién nos dejamos principalmente inspirar? ¿Del Espíritu Santo o del espíritu del mundo? Esta es una pregunta con la que todos nos debemos confrontar, sobre todo nosotros, los consagrados. Mientras el Espíritu lleva a reconocer a Dios en la pequeñez y en la fragilidad de un niño, nosotros a veces corremos el riesgo de concebir nuestra consagración en términos de resultados, de metas y de éxito. Nos movemos en busca de espacios, de notoriedad, de números —es una tentación—. El Espíritu, en cambio, no nos pide esto. Desea que cultivemos la fidelidad cotidiana, que seamos dóciles a las pequeñas cosas que nos han sido confiadas. Qué hermosa es la fidelidad de Simeón y de Ana. Cada día van al templo, cada día esperan y rezan, aunque el tiempo pase y parece que no sucede nada. Esperan toda la vida, sin desanimarse ni quejarse, permaneciendo fieles cada día y alimentando la llama de la esperanza que el Espíritu encendió en sus corazones.”

“Podemos preguntarnos, hermanos y hermanas, ¿qué es lo que anima nuestros días? ¿Qué amor nos impulsa a seguir adelante? ¿El Espíritu Santo o la pasión del momento, o cualquier otra cosa? ¿Cómo nos movemos en la Iglesia y en la sociedad?»

«A veces, aun detrás de la apariencia de buenas obras, puede esconderse el virus del narcisismo o la obsesión de protagonismo. En otros casos, incluso cuando realizamos tantas actividades, nuestras comunidades religiosas parece que se mueven más por una repetición mecánica —hacer las cosas por costumbre, sólo por hacerlas— que por el entusiasmo de entrar en comunión con el Espíritu Santo. Nos hará bien a todos verificar hoy nuestras motivaciones interiores, discernir las mociones espirituales, porque la renovación de la vida consagrada pasa sobre todo por aquí.”

“Una segunda cuestión es, ¿qué ven nuestros ojos? Simeón, movido por el Espíritu, ve y reconoce a Cristo. Y reza diciendo: «mis ojos han visto tu salvación» (v. 30). Este es el gran milagro de la fe: que abre los ojos, trasforma la mirada y cambia la perspectiva. Como comprobamos por los muchos encuentros de Jesús en los evangelios, la fe nace de la mirada compasiva con la que Dios nos mira, rompiendo la dureza de nuestro corazón, curando sus heridas y dándonos una mirada nueva para vernos a nosotros mismos y al mundo. Una mirada nueva hacia nosotros mismos, hacia los demás, hacia todas las situaciones que vivimos, incluso las más dolorosas. No se trata de una mirada ingenua, no, sino sapiencial: la mirada ingenua huye de la realidad o finge no ver los problemas; se trata, por el contrario, de una mirada que sabe “ver dentro” y “ver más allá”; que no se detiene en las apariencias, sino que sabe entrar también en las fisuras de la fragilidad y de los fracasos para descubrir en ellas la presencia de Dios.

La mirada cansada de Simeón, aunque debilitada por los años, ve al Señor, ve la salvación. ¿Y nosotros? Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿qué ven nuestros ojos? ¿qué visión tenemos de la vida consagrada?”

“Hermanos y hermanas, el Señor no deja de mandarnos señales para invitarnos a cultivar una visión renovada de la vida consagrada. Esta es necesaria, pero bajo la luz y las mociones del Espíritu Santo. No podemos fingir no ver estas señales y continuar como si nada, repitiendo las cosas de siempre, arrastrándonos por inercia en las formas del pasado, paralizados por el miedo a cambiar. Lo he dicho muchas veces, hoy, la tentación es ir hacia atrás, por seguridad, por miedo, para conservar la fe, para conservar el carisma del fundador… Es una tentación. La tentación de ir hacia atrás y de conservar las “tradiciones” con rigidez. Metámonoslo en la cabeza: la rigidez es una perversión, y detrás de toda rigidez hay graves problemas. Ni Simeón ni Ana eran rígidos, no, eran libres y tenían la alegría de hacer fiesta.”

“Por último, una tercera cosa, ¿qué estrechamos en nuestros brazos? Simeón tomó a Jesús en sus brazos (cf. v. 28). Esta es una escena tierna y densa de significado, única en los evangelios. Dios ha puesto a su Hijo en nuestros brazos porque acoger a Jesús es lo esencial, es el centro de la fe. A veces corremos el riesgo de perdernos y dispersarnos en mil cosas, de fijarnos en aspectos secundarios o de concéntranos en nuestros asuntos, olvidando que el centro de todo es Cristo, a quien debemos acoger como el Señor de nuestra vida.

Cuando Simeón toma en brazos a Jesús, sus labios pronuncian palabras de bendición, de alabanza y de asombro. Y nosotros, después de tantos años de vida consagrada, ¿hemos perdido la capacidad de asombrarnos? ¿O tenemos todavía esta capacidad? Hagamos un examen sobre esto, y si alguno no la encuentra, pida la gracia del asombro, el asombro ante las maravillas que Dios está haciendo en nosotros, ocultas como la del templo, cuando Simeón y Ana encontraron a Jesús. Si a los consagrados nos faltan palabras que bendigan a Dios y a los otros, si nos falta la alegría, si desaparece el entusiasmo, si la vida fraterna es sólo un peso, si nos falta el asombro, no es porque seamos víctimas de alguien o de algo, el verdadero motivo es que ya no tenemos a Jesús en nuestros brazos.”

“Cuando no abrazamos a Jesús, entonces el corazón se encierra en la amargura. Es triste ver consagrados amargados, que viven encerrados en la queja por las cosas que no van bien, en un rigor que nos vuelve inflexibles, con aires de aparente superioridad. Siempre se quejan de algo, del superior, de la superiora, de los hermanos, de la comunidad, de la cocina… Si no se quejan no viven. Nosotros en cambio debemos abrazar a Jesús en adoración y pedirle una mirada que sepa reconocer el bien y distinguir los caminos de Dios. Si acogemos a Cristo con los brazos abiertos, acogeremos también a los demás con confianza y humildad. De este modo, los conflictos no exasperan, las distancias no dividen y desaparece la tentación de intimidar y de herir la dignidad de cualquier hermana o hermano se apaga. Abramos, pues, los brazos a Cristo y a los hermanos. Ahí está Jesús.”

Por su parte la CIVCSVA inicia su mensaje haciendo memoria del año 2021 y proyectado el 2022 “La invitación que os hemos dirigido el año pasado, en esta misma ocasión, había sido poner en práctica la espiritualidad de comunión (Vita consecrata, 46) para ser artífices de una fraternidad universal y soñar con una única humanidad (Fratelli Tutti, 8) son palabras que, en cierto sentido, han preparado el camino eclesial que hemos iniciado recientemente y que tiene como título por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión

Así pues este año nos centramos en la segunda palabra del sínodo como invitación a que cada uno de nosotros haga su propia parte, es decir, una invitación a participar… A todos, a todas, se nos pide entrar en el – dinamismo de escucha mutua, llevado a cabo en todos los niveles de la Iglesia, implicando a todo el pueblo de Dios – (Papa Francisco a la diócesis de Roma 18-09-21)”

Se trata ante todo de un camino que interpela a cada comunidad vocacional en su esencia de ser expresión visible de una comunión de amor, reflejo de la relación trinitaria, de su bondad y de su belleza, capaz de suscitar nuevas energías para confrontarnos con el momento actual…” Pero cuidemos nuestra pertenencia “…con el tiempo se corre el riesgo de perder fuerza, sobre todo cuando sustituimos la atracción del nosotros con la fuerza del yo”

“… Entremos entonces en este viaje de toda la Iglesia con la riqueza de nuestros carismas y de nuestra vida, sin ocultar fatigas y heridas, convencidos de que solo podemos recibir y ofrecer el Bien, porque – La vida consagrada nace en la Iglesia, crece y puede dar frutos evangélicos solo en la Iglesia, en la comunión viviente del pueblo fiel de Dios – (Papa Francisco 11-12-21)”

Así la participación se convierte en responsabilidad y corresponsabilidad… más aún en esta llamada a una Iglesia Sinodal.

A su vez desde la Presidencia de la CLAR con el lema – Hagan todo lo que Él diga ¡Ya es la hora! – “agradecen la multiplicidad de formas y carismas, convocados a la ayuda mutua y al apoyo recíproco, y expresa felicitaciones sinceras a quienes con su vida entregada a tan noble vocación hacemos más alegre y esperanzador el caminar de muchas/os hermanas/os con nuestra oración, fidelidad, cercanía, amistad, creatividad y perseverancia en la vivencia del propio carisma”.

Así, hombres y mujeres que optan por la vida consagrada expresan que, “En la cotidianidad van madurando hasta convertirse en anuncio de un modo de vivir alternativo al del mundo y al de la cultura dominante. Su estilo de vida y la búsqueda del Absoluto insinúa una terapia espiritual para los males de nuestro tiempo”. “Se sienten buscadoras/es incansables de nuevos senderos por donde seguir avanzando, rutas que alarguen la mirada y les regalen una renovada belleza del paisaje. Estamos estrenando y aprendiendo un nuevo modo de ser Iglesia, trazos sinodales que nos relanzan a recuperar la profecía, teniendo el Evangelio como única regla de vida. Seguimos decididamente caminando hacia la configuración de una Vida Religiosa con rostro Intercongregacional, Intercultural e Itinerante, guiados por un amor, siempre a estrenar, que nos transforma cotidianamente en discípulas/os misioneras/os en salida, en total disponibilidad para ir a donde el amor nos lleve. En este proceso sinodal, resulta oportuno retomar el Horizonte Inspirador 2018-2021 para degustar el vino nuevo que ofrece la tercera tinaja: “Caminar hacia un nuevo modo de ser Iglesia” (CLAR-HI, 14).

“… El proceso sinodal nos une en la escucha, la comunión, la participación y la misión para enriquecer a la Iglesia con nuestras virtudes y carismas y para mostrar al mundo nuestro testimonio alegre de entrega radical al Señor. La Vida Consagrada, siendo consciente de la llamada recibida, la vocación compartida y la vida entregada se da cuenta de que a Dios solo se le encuentra caminando, a la manera de Jesús y en cercanía a las/os hermanas/os.

Nos llena de esperanza la presencia de los signos del Reino de Dios, que llevan por caminos nuevos a la escucha y al discernimiento. El proceso sinodal es un significativo espacio de encuentro y apertura para la transformación de estructuras eclesiales y sociales que permitan renovar el impulso misionero y la cercanía con los más pobres y excluidos.”

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