Vivo en una caravana para ir al encuentro

En la reflexión de hoy sobre el mensaje de cuaresma 2022 del Santo Padre nos Acompaña Massimo Mostioli, Sacerdote italiano. Massimo hace del mensaje una lectura muy particular y aplica el texto a su vida y su actuar; invitándonos indirectamente a cada uno de nosotros a que podamos hacer del Mensaje del Papa Francisco lectura, apropiación y testimonio en acciones concretas para los hermanos…. Leamos ahora la reflexión sobre el texto de la Cuaresma 2022:

Me llamo Massimo Mostioli, soy un sacerdote de la diócesis de Pavía y de la Comunidad Casa del Giovane, fundada por el Siervo de Dios Padre Enzo Boschetti que, con el Padre Mario Riboldi, me acompañó al sacerdocio y al encuentro con los gitanos. En el libro Mil años de historia de los gitanos, de François de Vaux de Foletier, hay un capítulo que se titula «muchos nombres para un solo pueblo». Debido a esta pluralidad de nombres, prefiero utilizar el término «gitanos».

El Padre Mario Riboldi, recientemente fallecido, encarnó en su día al día el ejemplo de una vida entregada con y para ellos. Animado por el entonces cardenal Montini, que le sugirió «caridad, prudencia y paciencia» para acercarse a los gitanos, el Padre Mario decidió vivir en una caravana, nómada en medio de las numerosas comunidades nómadas que caminaban con él. Tenía una capacidad única para tender puentes entre la Iglesia, el Papa, los gitanos y los sinti. Su servicio como discípulo, su manera de hacerse siervo, le permitió aprender las costumbres y el idioma: tradujo el Evangelio a varios dialectos, para que los gitanos pudieran seguir a Cristo. Descubrió la figura de un «gitano analfabeto con madera de santo», Ceferino Jiménez Malla, patrón de este pueblo y modelo para las vocaciones que tanto le gustaban a este «cura gitano». Este año se celebra el vigésimo quinto aniversario de la beatificación de Ceferino, conocido como «El Pelé», que tuvo lugar en Roma el 4 de mayo de 1997.

Del Mensaje del Papa, me ha conmovido el llamamiento de San Pablo a los Gálatas: «Frente … a la preocupación por los retos que nos conciernen, frente al desaliento por la pobreza de nuestros medios… la Cuaresma nos llama a poner nuestra fe y nuestra esperanza en el Señor (cf. 1 P 1,21), porque sólo con los ojos fijos en Cristo resucitado (cf. Hb 12,2) podemos acoger la exhortación del Apóstol: «No nos cansemos de hacer el bien» (Ga 6,9)». Desde 1996, mi experiencia como «capellán de los nómadas» se basa en esto. Al igual que Padre Mario Riboldi, yo también vivo en una caravana para ir al encuentro y ser acogido por los gitanos allí donde están, viviendo su vida y aprendiendo su lengua. Soy feliz con este servicio, amo a los gitanos y ellos también me aman, poder anunciar la Palabra de Dios que salva y libera me da mucha alegría, a pesar de fracasos, decepciones e incomprensiones, nos enseñan a crecer en humildad. Nuestra vocación debe enamorar: ofrezco mi pasión, alimentada por el coraje y la certeza de que es el Señor quien guía nuestros pasos porque «lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119). Me conformo con labrar la tierra para sembrar la Palabra, siguiendo particularmente a los grupos de gitanos católicos: me acerco a ellos para los bautizos, las comuniones y las confirmaciones, celebro la misa y organizo jornadas en las que leemos y rezamos con la Biblia. En tiempo de COVID, un evento como un funeral, que atrae a familiares de toda Italia para honrar al fallecido, se convierte en algo difícil de gestionar para las fuerzas del orden. Antes de la pandemia, organizaba peregrinaciones en Italia y en el extranjero, momentos adaptados a su sensibilidad, en las que participaban familias enteras.

En el trabajo pastoral, en la vida, las personas con las que nos encontramos y que están necesitadas no siempre son honestas, educadas y amables: a veces te exigen, fingen y engañan… «Señor, si mi hermano comete un delito contra mí, ¿Cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Y Jesús respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Es importante no dejarse contrariar por la ira y el resentimiento por el riesgo de ser manipulado o de convertirse en una tarjeta de crédito, resultado de una relación mal establecida: ¿es siempre cierto que tenemos que resolver todos los problemas porque nos sentimos indispensables? Tal vez no. Muy a menudo nos acercamos a los gitanos con muy buenas intenciones y buena voluntad, pero con muy poco cuidado. La voluntad no puede sustituirse al cuidado, la escucha y el amor, hay que dejarse tocar por las situaciones que nos dejan sin aliento. Tengo grabados en mi mente y en mi corazón los ojos tristes de una niña gitana a la que bauticé y confirmé, con la que llevo años leyendo la Biblia. Su padre, un amigo mío, murió instantáneamente hace seis años en un accidente de coche mientras estaba borracho y llevaba a su hermano a comprar drogas por haberle visto antes discutir con su mujer por dinero. La joven viuda de mi amigo, la madre de esta niña de ojos tristes, se fugó con un hombre casado al cabo de cuatro años, dejando a la niña y a su hermano a su suegra, madre de siete hijos y viuda ella misma a los 45 años. Todas las mañanas voy a la casa de esta abuela a tomar café, y en las paredes veo colgadas las fotos de los niños de pequeños, ahora todos casados, y en un mueble las de su marido e hijo muertos, con flores y velas siempre encendidas. Esta abuela, sencilla y buena, sólo vive para sus hijos y nietos, siempre viene a misa y al rosario y a veces me dice «¡somos monjas!». Cuando vuelvo a mi caravana por la noche, puedo ver a través del cristal de su puerta a la niña de ojos tristes jugando a las cartas con su abuela: cuando gana, se le escapa una sonrisa.

Gracias.

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